Han pasado más de cuatro décadas y, desde entonces, distintas generaciones hemos aprendido que los sismos forman parte de nuestra realidad. En 2017, nuevamente un 19 de septiembre, la tierra volvió a sacudir a México; y en 2022, en la misma fecha, otro movimiento nos recordó que este día, marcado por algunos de los sismos más significativos de nuestra historia, no debe ser únicamente una fecha de temor, sino también una oportunidad para fortalecer nuestra cultura de prevención. Porque los sismos duran segundos, pero sus consecuencias pueden permanecer durante décadas.

La memoria que se convierte en aprendizaje

Quienes vivieron el sismo de 1985 conocen de cerca el dolor de la pérdida, la incertidumbre y la solidaridad que surgió entre la sociedad. Quienes vivimos el de 2017 fuimos testigos de una nueva realidad: hogares y edificios dañados, familias buscando a sus seres queridos y miles de personas convirtiendo las calles en espacios de ayuda y solidaridad. Una memoria que vuelve a temblar.
Pero recordar no es suficiente. La verdadera lección consiste en convertir esa memoria en acciones concretas que nos permitan estar mejor preparados ante una emergencia.
Cuando el simulacro deja de ser un ejercicio

Ese 19 de septiembre de 2022 habíamos participado en el Simulacro Nacional. Como equipo de brigadistas, ejecutamos los protocolos de evacuación y repliegue, organizamos a las personas, realizamos los conteos y verificamos las condiciones del inmueble. El ejercicio había concluido y comenzábamos a regresar a nuestras actividades.
Minutos después, el país volvió a temblar.
Esta vez no era un simulacro. La alarma sísmica comenzó a sonar y las dudas aparecieron inmediatamente:
¿Otra vez es un simulacro? ¿Qué hacemos? ¿Evacuamos?
El temor y la incertidumbre surgieron de inmediato. La respuesta tuvo que apoyarse en lo aprendido: activamos los protocolos y ejecutamos las acciones correspondientes.
Fue entonces cuando comprendí, todavía con mayor claridad, que un simulacro no pretende enseñarnos a predecir un sismo; pretende enseñarnos qué hacer cuando ocurra lo impredecible.
La diferencia entre estar preparados o no puede representar apenas unos segundos; y esos segundos pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

La prevención, una acción sindical

Hablar de protección civil también significa hablar de la defensa de la vida y de la integridad de las personas trabajadoras.
En nuestros centros laborales convivimos diariamente con compañeras y compañeros, derechohabientes, familiares, visitantes y usuarios. Por ello, la prevención no debe entenderse únicamente como una obligación administrativa, sino como una responsabilidad social y colectiva.
Una persona trabajadora capacitada puede identificar un riesgo antes de que se convierta en una emergencia. Una brigada organizada puede actuar con mayor rapidez. Una ruta de evacuación despejada puede facilitar una salida segura. Un protocolo conocido puede evitar momentos de confusión.
Detrás de cada una de estas acciones existe algo fundamental: la conciencia de que protegernos también significa proteger a los demás. Por ello, la acción sindical también tiene un papel fundamental en la construcción de una cultura de prevención. Promover la capacitación, fortalecer la participación de las y los trabajadores, identificar riesgos, gestionar y contribuir a que los protocolos de protección civil se conozcan y se cumplan son también formas de defender la seguridad y la vida
La prevención no debe comenzar cuando ocurre una emergencia. Debe formar parte de nuestra actividad cotidiana.

Que septiembre no sea solamente un recuerdo

Cada septiembre, México vuelve la mirada hacia su historia, pero septiembre también debe invitarnos a mirar hacia adelante.
La mejor manera de honrar esa memoria es construir una sociedad más preparada. Que cada simulacro sirva para identificar aquello que todavía debemos mejorar. Que cada alarma nos encuentre conociendo nuestros protocolos. Que cada centro de trabajo cuente con personas capacitadas para responder. Que cada trabajadora y trabajador conozca las rutas de evacuación y las zonas de menor riesgo.
Que la prevención deje de ser vista como exageración y se convierta en parte de nuestra cultura.
La protección civil no comienza cuando ocurre una emergencia. Comienza mucho antes: cuando decidimos prepararnos. Porque los sismos van a seguir ocurriendo, no sabemos cuándo, dónde ni con qué intensidad, lo que sí podemos decidir es cómo estaremos preparados cuando vuelva a temblar.

La protección civil la hacemos todas y todos.

Por Comisión Nacional Mixta de Seguridad e Higiene